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Historia de Zihuatanejo
Antes de la era Cristiana en el año 2400 A.C., pescadores Chichimecas y Chontales se establecieron al norte del río
Balsas y los Cuitlatecos y Zapotecos hacia el sur. En recientes excavaciones se ha descubierto la existencia de un
sofisticado erotismo entre estas culturas, así como pruebas de prácticas del tatuaje y deformaciones craneanas
para fines estéticos.
Un fuerte intercambio comercial con los Teotihuacanos, influenció otros aspectos de la vida en la Costa Grande
(Desde Acapulco hasta la desembocadura del río Balsas) entre los años 200 y 750. Hubo una transformación en las
técnicas de la elaboración de cerámicas y vasijas de barro. Consecuentemente, hubo cambios en la jerarquía social, ya
que a los artesanos se les daba gran importancia y con un incremento de participación de las mujeres.
El comercio con los teotihuacanos consistía en pescado, cacao, cocos y cerámicas. En el museo de la Costa Grande
de Zihuatanejo se ilustran pergaminos con inscripciones de los "pedidos" de los Teotihuacanos.
La verdadera conquista de la Costa Grande, ocurrió entre los años 1487 y 1503 y ha sido por los Mexicas, quienes
crearon la provincia llamada Cihuatlán, que significa "lugar de mujeres" del Cihuatl: Mujer; Tlán: Lugar o puerto,
agregado al paraíso del oeste del universo Náhuatl, lugar de descanso para los reyes tarascos, de donde viene la
leyenda del origen del rompe-olas frente a la playa de "Las Gatas" nombre que viene de la existencia de tiburones
gata que habitaban en esta zona, para transformarlo en un sitio adecuado para nadar.
El nombre de Cihuatlán, también significa "Mujeres que han muerto al dar a luz" que fueron consideradas diosas.
Aunque hubo varios sitios con el nombre de Cihuatlán, Zihuatanejo fue el más importante por su riqueza en caza,
pesca y recolección de fruta.
Zihuatanejo, Acapulco y Zacatula fueron importantes puntos de referencia para navegadores del los siglos XVI y XVII.
Numerosas expediciones zarparon del puerto de Zihuatanejo. Entre ellos, Alvaro Saavedra Ceron y su expedición en la
que descubrió las islas Molucca.
El nombre de las playas de "La madera" y "La Ropa", se originaron
por el del comercio de las maderas preciosas como el bocote y
la caoba, que eran embarcadas en la playa "La Madera". Dice una
leyenda que un barco fue atacado y hundido por un barco pirata
y las telas, sedas y ropa que fueron arrojadas a la Playa de "La
Ropa" por la corriente, dieron origen a su nombre. Gran prosperidad
económica se derivo del chino Nao y los embarques de maderas preciosas
de Zihuatanejo que después declinó debido principalmente a ataques
de barcos piratas. Como resultado de esto, el único contacto que
tuvo la Nueva España con la Costa Grande fue por los misioneros,
entre otros, Fray Pedro de Garrobillas.
En el siglo XX, los presidentes mexicanos empezaron a tomar interés
en Zihuatanejo, en los años 40 se construyó un aeropuerto que
ahora es la avenida principal de la fuente del sol hacia el centro,
en Zihuatanejo la energia eléctrica era suministrada por una planta
de luz de un cilindro que se apagaba a las diez de la noche, el
pueblo consistia en una sola calle, la actual Cuahutemoc, y una
brecha comunicaba con el hotel Sotavento en la Playa de la Ropa.
Más tarde, en 1970 se inició la construcción de Ixtapa.
El Puerto de Zihuatanejo
Situado 250 km al noroeste de Acapulco, es un pueblo de pescadores
ubicado en una pequeña bahía. De esta población zarpó Álvaro de
Saavedra, primo de Hernán Cortés, el año de 1527. La expedición
tenía como destino las islas Molucas, localizadas en el Pacífico
al sur de las Filipinas.
Según Germán Arciniega, la palabra pichilingue se deriva del inglés
"speak in English", que era la orden dada a los asustados nativos
de las costas del Pacífico, quienes, además de asaltados y ultrajados,
supuestamente debían conocer la lengua de Shakespeare. Una segunda
definición del término fue proporcionada por el eminente historiador
sinaloense Pablo Lizárraga, quien asegura que procede del náhuatl
y se deriva de pichihuila, una variedad de pato migrante que presenta
un aspecto más bien claro: sus ojos y las plumas que los rodean
dan la impresión de que se trata de un ave rubia.
No es equivocado pensar que los piratas, nórdicos en su mayoría,
serían igualmente rubios. Las apariciones de los pichilingues
en los litorales, generalmente en pequeñas calas con aguas lo
suficientemente profundas para que en ellas pudieran anclar y
en sitios relativamente protegidos, ha dado lugar a la presencia
de playas llamadas pichilingues en algunas costas de América del
Sur y, recurrentemente, en México.
La tercera teoría es igualmente válida. Procedía un gran número
de los piratas –nombre genérico para los hombres que desempeñaban
este género de actividades– específicamente en el siglo XVII,
del puerto holandés de Vlissinghen. En suma, el origen de la palabra
sigue siendo tan elusivo como los individuos a los que se refería,
sobre todo a lo largo del siglo XVII y principios del siglo XVIII.
Habiendo logrado penetrar al Pacífico circunnavegando por el estrecho
de Magallanes, pronto empezaron los conflictos con los españoles,
dueños del llamado "lago español", y la codicia y enemistad de
ingleses y flamencos. El primer pichilingue holandés que cruzó
este océano fue Oliver van Noort en el año de 1597. Van Noort
era un tabernero, antiguo hombre de mar, quien con su propia flota
con cuatro barcos y 240 hombres hizo atroces saqueos y pillajes
en el Pacífico sudamericano, mas no llegó a las costas de la Nueva
España. Su final fue posiblemente el merecido: murió en la horca
en Manila.
En 1614 llegaron a la Nueva España noticias de que se aproximaba
el peligro holandés. En agosto de ese año la Compañía de las Indias
Orientales había enviado cuatro grandes barcos corsarios (esto
es que tenían "patente de corso" de sus gobiernos) y dos "jachts"
en una "misión comercial" alrededor del mundo. La pacífica misión
estaba reforzada por el fuerte armamento a bordo de los barcos
que encabezada el Groote Sonne y el Groote Mann.
A la cabeza de dicha misión estaba el prestigioso almirante –prototipo
del corsario– Joris van Spielbergen. El refinado navegante, nacido
en 1568, era un hábil diplomático a quien le gustaba que su barco
insignia estuviera elegantemente amueblado y aprovisionado con
los mejores vinos. Cuando comía, lo hacía con la orquesta de a
bordo y un coro de marinos como fondo musical. Sus hombres usaban
magníficos uniformes. Tenía Spielbergen una comisión especial
de los Estados Generales y del príncipe Mauricio Orange. Es muy
probable que entre las órdenes secretas estuviera la de capturar
un galeón. El ilustre navegante pichilingue hizo su intempestiva
aparición en las costas de la Nueva España a fines de 1615.
Después de tremendos combates contra la marina española en el
Pacífico sudamericano, en los que su flota resultó prácticamente
intocable, con pocas pérdidas humanas y sus barcos escasamente
dañados, los pichilingues se dirigieron hacia el norte; sin embargo,
Nueva España estaba preparada esperando al holandés. En junio
de 1615, el virrey Márques de Guadalcázar ordenó al alcalde mayor
de Acapulco que fortaleciera las defensas del puerto con trincheras
y cañones. Un destacamento de caballeros se unió voluntariamente
para combatir con decisión al enemigo.
FRENTE ACAPULCO
En la mañana del 11 de octubre amaneció la flota holandesa frente
a la entrada de la bahía. Penetrando descaradamente en ella, los
navíos anclaron ante el improvisado fuerte después del mediodía.
Fueron recibidos con una salva de cañonazos que causaron poco
efecto. Además, Spielbergen estaba decidido a destruir el pueblo
si era preciso, pues necesitaba agua y alimentos. Al fin se declaró
una tregua y subieron a bordo Pedro Álvarez y Francisco Méndez,
quienes habían servido en Flandes por lo que conocían el idioma
holandés.
Spielbergen ofreció a cambio de las muy necesitadas provisiones,
liberar a los prisioneros que habían hecho en las costas del Perú.
Se llegó a un acuerdo y, curiosamente, durante una semana, Acapulco
se convirtió en un animado centro de reunión entre pichilingues
y españoles. El comandante fue recibido a bordo con honores y
un desfile de marinos perfectamente uniformados, mientras que
el joven hijo de Spielbergen pasaba el día con el alcalde mayor
del puerto. Un civilizado encuentro que contrastaría con las subsecuentes
aventuras del holandés en las costas al norte de Acapulco. Previsoriamente,
Spielbergen mandó hacer un plano del puerto.
El virrey, temiendo que se apresara al Galeón de Manila que estaba
por llegar, envío nada menos que a Sebastián Vizcaíno con 400
hombres para proteger los puertos de Navidad y Salagua, y el gobernador
de Nueva-Vizcaya mandó otro destacamento a la costa de Sinaloa
bajo las órdenes de Villalba, quien tenía instrucciones precisas
de evitar desembarcos enemigos.
En el camino, Spielbergen se apoderó del barco perlero San Francisco,
entonces cambió el nombre de la nave por el de Perel (perla).
En un próximo desembarco en Salagua esperaba Vizcaíno a los pichilingues
y después de una batalla que resultó poco favorable a los españoles,
Spielbergen se retiró a Barra de Navidad, o más posible a Tenancatita,
donde pasó con sus hombres cinco días de asueto en la agradable
bahía. Vizcaíno, en su reporte al virrey, hace mención de las
cuantiosas pérdidas de los enemigos y como prueba le envía las
orejas que había cortado a un pichilingue. Vizcaíno describía
a algunos de los "pichilingas" que había tomado prisioneros como
"hombres jóvenes y correctos, algunos de ellos irlandeses, con
grandes rizos y aretes". Los irlandeses habían sido atraídos a
la armada de Spielbergen creyendo que iban en una misión de paz.
En Cabo Corrientes, Spielbergen decidió no perder más tiempo en
las aguas de la Nueva España y se dirigió al sur. Unos días después,
el Galeón de Manila pasaba frente al Cabo. Spielbergen murió en
la pobreza en 1620. Al poco tiempo se iniciaría la muy necesaria
construcción del Fuerte de San Diego en Acapulco para proteger
mejor al puerto de los ataques piratas.
CONTRA EL IMPERIO ESPAÑOL
En 1621, una supuesta tregua entre Holanda y España llegó a término.
Los holandeses estaban preparados para enviar la flota más poderosa
que apareciera en el Pacífico, conocida como la Flota de Nassau
–"Nasao"– por el príncipe, su patrocinador. Su verdadero propósito
era aniquilar la preponderancia española en este océano. Se apoderaría
además de los ricos galeones y saquearía las ciudades. La flota
salió de Holanda en 1623 cargada con 1626 pichilingues comandados
por el famoso almirante Jacobo L. Hermite, quien falleció en las
costas del Perú. Entonces asumió el mando el vicealmirante Hugo
Schapenham, quien pasó por alto el Fuerte de Acapulco, pues el
castellano no aceptó los ruegos del pirata que carecía de agua
y provisiones, por lo que la gran flota tuvo que alejarse hacia
la playa, que hoy se conoce como Pichilingue, para aprovisionarse.
Como allí los esperaba un destacamento de españoles, los holandeses
tuvieron que levar anclas hacia Zihuatanejo donde esperaron inútilmente
a la "ansiada presa": el elusivo galeón. Sin embargo, la supuestamente
invencible Flota de Nassau fracasó ignominiosamente, en ella se
habían cerrado esperanzas ilimitadas e invertido millones de florines.
La era de los pichilingues supuestamente llegó a término con la
Paz de Westfalia en 1649, no obstante, el término pichilingue
quedó acuñado para siempre en la historia de la piratería y en
el vocabulario castellano.
El Pacífico dejó de serlo, según anota el cronista Antonio de
Robles (1654-172 ).
1685: "Noviembre, 1o. Este día vino nueva de estar a la
vista el enemigo con siete navíos" "Lunes 19. Vino nueva de haberse
visto velas por la Costa de Colima de enemigos y se tocó plegaria"
"Diciembre 1o. Vino correo de Acapulco con nueva de como se fueron
los enemigos al Cabo Corrientes y que por dos veces intentaron
entrar en el puerto y que los rechazaron".
1686: "Febrero 12. Vino nueva de Compostela de haber echado
gente y haber hecho carne y agua llevándose a cuatro o seis familias:
piden rescate".
1688: "Noviembre 26. Vino nueva como en Acaponeta entró
el enemigo y se llevó cuarenta mujeres, mucha plata y gente y
un padre de la Compañía y otro de la Merced".
1689: "Mayo. Domingo 8. Vino nueva de como le cortaron
las orejas y las narices los ingleses al padre fray Diego de Aguilar,
instando por el rescate de los nuestros que si no morían". El
cronista se refiere en este caso a los pichilinques-bucaneros
ingleses Swan y Townley, quienes asolaron la costa noroeste de
Nueva España esperando inútilmente un galeón.
Las playas del Pacífico, sus puertos y aldeas de pescadores sufrieron
constantemente el asedio de los pichilingues, mas éstos no lograron
la ansiada meta de atrapar un Galeón de Manila hasta el siglo
siguiente. A pesar de que obtuvieron botines, también se llevaron
grandes chascos. Al atrapar al navío Santo Rosario que llevaba
las bodegas repletas de barras de plata, los ingleses creyeron
que se trataba de estaño y las echaron por la borda. Uno de ellos
guardó un lingote como recuerdo. Al volver a Inglaterra, descubrió
que era plata maciza. ¡Habían tirado más de 150 mil libras de
plata al mar!
Entre los pichilingues que dejaron mayor huella en una porción
específica de la Nueva España destaca Cromwell, el famoso "Coromuel",
que estableció su cuartel general entre La Paz y Los Cabos, en
Baja California. Su nombre ha quedado en el viento que lo conmemora,
"el coromuel", que aprovechaba para navegar y dar caza a algún
rico galeón o barco perlero. Su reducto era la playa que lleva
el nombre de Coromuel, cerca de La Paz.
Cromwell dejó una de sus banderas o "joli roger" en esta remota
y mágica región. Hoy está en el Museo del Fuerte de San Diego.
Coromuel, el hombre, desapareció misteriosamente, no así su recuerdo.
En 1521, Fernando de Magallanes, navegante portugués al servicio
de España, descubrió en su famoso viaje de circunnavegación un
inmenso archipiélago al que dio el nombre de San Lázaro. Para
ese entonces con el beneplácito del papa Alexandro VI, Portugal
y España se habían repartido el Nuevo Mundo apenas descubierto
29 años atrás. La dominación de la Mar del Sur –el Océano Pacífico–
era de vital importancia para ambos poderosos reinos, ya que quien
lograra tal hazaña sería, sin cuestionamiento alguno, "El dueño
del Orbe".
Europa había conocido y gustado desde el siglo XIV del refinamiento
de los productos orientales y en algunos casos de la importancia
estratégica de su posesión, por lo que el descubrimiento y la
colonización de América replanteó la necesidad de establecer el
tan deseado contacto permanente con el imperio del Gran Kan, el
dueño de las islas de las especierías, las sedas, las porcelanas,
los exóticos perfumes, las gigantescas perlas y la pólvora.
El comercio con Asia había representado para Europa una aventura
fascinante a partir de las noticias y evidencias ofrecidas por
Marco Polo, de ahí que cualquier producto proveniente de aquellas
remotas tierras no sólo era altamente codiciado, sino también
adquirido a precios exorbitantes.
Por su posición geográfica, la Nueva España era el sitio ideal
para intentar establecer el tan anhelado contacto, ya que lo que
España había pretendido al enviar a Andrés Niño en 1520, y a Jofre
de Loaiza en 1525, bordeando África y adentrándose por el Océano
Indico, aparte de resultar viajes inmensamente costosos, se habían
traducido en rotundos fracasos; por ello, Hernán Cortés y Pedro
de Alvarado, apenas terminada la conquista de México, costearon
la construcción de varias naves que fueron armadas en Zihuatanejo
con los mejores materiales.
Fueron éstas las dos primeras expediciones que intentarían desde
la Nueva España llegar a las costas Orientales; sin embargo, y
a pesar de las perspectivas de éxito ambas fracasaron por diferentes
razones apenas adentradas al Océano Pacífico.
Tocó al virrey don Luis de Velasco (padre) intentar nuevamente
en 1542 el temerario proyecto. Así, costeó la construcción de
cuatro naves mayores, un bergantín y una goleta, que al mando
de Ruy López de Villalobos se hizo a la mar partiendo desde puerto
de la Navidad con 370 tripulantes a bordo.
Esta expedición logró llegar al archipiélago al que Magallanes
había llamado San Lázaro y que entonces fue rebautizado con el
nombre de "Filipinas", en honor del entonces príncipe heredero.
Sin embargo, el "torna viaje" o "torna vuelta" seguía constituyendo
el problema medular de tales empresas, por lo que durante algunos
años el proyecto quedó suspendido para ser revisado, tanto en
la Metrópoli, como en la capital del virreinato de la Nueva España;
finalmente Felipe II entronizando, ordenó en 1564 al virrey de
Velasco preparar una nueva armada a cuyo frente estarían don Miguel
López de Legazpi y el monje Agustino Andrés de Urdaneta, quien
finalmente estableció la ruta para regresar al punto de partida.
Con el éxito obtenido a partir del retorno a Acapulco del Galeón
San Pedro, la nave comandada por Urdaneta, Europa y el Extremo
Oriente quedarían enlazados comercialmente por México.
Manila, fundada y gobernada por López de Legazpi, se convirtió
a partir de 1565 en territorio dependiente del virreinato novohispano
y fue para el Asia, lo que Acapulco para la América meridional:
"Ambos puertos reunían una serie de características que los transformaron,
sin dudarlo, en los puntos comerciales donde circulaban las mercancías
más valiosas de su tiempo".
De la India, Ceylán, Camboya, Las Molucas, China y Japón se concentraban
en Filipinas objetos valiosos de las más diversas materias primas,
cuyo destino final era el mercado europeo; sin embargo, la formidable
capacidad económica del poderoso virreinato español, que compartía
con su homólogo peruano las primicias desembarcadas en Acapulco,
poco dejaba a sus ávidos compradores en el Viejo Mundo.
Los países orientales empezaron a fabricar líneas completas de
objetos destinados únicamente a la exportación, en tanto que productos
agrícolas como el arroz, la pimienta, el mango... se iban introduciendo
y aclimatando paulatinamente en los campos mexicanos. A su vez,
Asia recibía cacao, maíz, frijol, plata y oro en lingotes, así
como los "pesos fuertes" acuñados en la Casa de Moneda de México.
Debido a la guerra de Independencia, el comercio con Oriente dejó
de practicarse desde el Puerto de Acapulco y se cambió al de San
Blas, donde se llevaron al cabo las últimas ferias de las mercaderías
provenientes de las legendarias tierras de Gran Kan. En el mes
de marzo de 1815 zarpó de playas mexicanas con destino a Manila
el Galeón Magallanes, cerrándose oficialmente 250 años de comercio
marítimo ininterrumpido entre la Nueva España y el lejano Oriente.
Los nombres de Catharina de San Juan, aquella princesa hindú que
llegara a radicarse en la ciudad de Puebla, la famosa "China Poblana",
y el de Felipe de las Casas, mejor conocido como San Felipe de
Jesús, quedaron asociados para siempre con el Galeón de Manila,
la Nao de China o la nave de las sedas.
El inesperado descubrimiento de América revolucionó el mundo occidental
de finales del siglo XV, y a partir de 1492 los hechos se sucederían
en forma casi vertiginosa: Magallanes y Elcano por primera vez
lograrían circunnavegar la Tierra, Hernán Cortés había conquistado
a la mayoría de los reinos y señoríos mesoamericanos y la Nueva
España nacía como el virreinato más extenso, rico y estratégicamente
importante en los dominios de la poderosa España.
Hernán Cortés era virtualmente amo y señor del México de entonces,
su poder y fortuna se comparaban -para disgusto del emperador
Carlos-, con los del propio monarca. El conquistador, por su parte,
conociendo los problemas que representaban el comercio y la conquista
del extremo Oriente partiendo desde España, llevado por su ambición
costeó de su propio peculio una flota armada en Zihuatanejo y
que puso en manos de su primo Álvaro de Saavedra. Esa flota expedicionaria
se hizo a la mar el 27 de marzo de 1528, se perdió en Nueva Guinea
y decidió regresar a España por el Cabo de Buena Esperanza.
Felipe II, ya entronizado en 1557, ordenó al virrey don Luis de
Velasco (padre) armar otra flota, la que de una vez por todas
debería conquistar Filipinas; siete años tardó la descomunal tarea
emprendida en el puerto de La Navidad. Las naves zarparon de Acapulco
y hacia finales de enero de 1564 llegaron a las Filipinas. El
hasta entonces considerado como imposible viaje de "torna vuelta”
se inició el viernes 1 de julio de 1565 y finalmente llegó a la
bahía de Acapulco el 8 de octubre de ese mismo año.
Así, con los nombres de Galeón de Manila, Nao de China, Naves
de la Seda y Galeón de Acapulco, se conoció el comercio y las
mercaderías que concentrándose desde diferentes y remotas regiones
orientales en Manila, tenían como destino al puerto de Acapulco,
o bien las que reunidas en este punto procedentes tanto de la
península ibérica como del enorme territorio novohispano se distribuirían
por todo el Oriente, principalmente en China, que era abastecida
desde la capital de la gubernatura filipina.
Debido a la importancia económica que había adquirido Acapulco,
el virrey Fernández de Córdoba comisionó al ingeniero Adrián Boot
para construir la defensa del codiciado puerto, al que todas las
piraterías de la época mantenían en permanente jaque. El 15 de
abril de 1617 el flamante fuerte, con forma de pentágono irregular,
fue puesto en servicio y bautizado con el nombre de San Diego
en honor del virrey, pero debido a su elevación y orientación
resultó un blanco perfecto, por lo que fue cañoneado varias veces.
En 1776 un terremoto dañó de tal manera a Acapulco que la fortificación
tuvo que ser reedificada desde sus cimientos. El nuevo edificio,
construido en esta ocasión con forma de pentágono regular, quedó
concluido en 1783 y se rebautizó con el nombre de San Carlos en
honor del rey de España, pero debido a la impopularidad del monarca
que entonces lo era Carlos IV, al fuerte se le siguió llamando
por su antiguo nombre.
En 1810 estalló el movimiento de Independencia y la Nueva España
entró en un largo periodo de inseguridad; por ello cuando el galeón
"Magallanes" arribó en diciembre de 1811, se enfrentó con el desconocido
conflicto militar que impedía su descarga, y tuvo que dirigirse
entonces al puerto de San Blas, Nayarit, donde su cargamento fue
vendido, aunque lentamente, sólo que en esta ocasión haría el
retorno con sus bodegas prácticamente vacías. Y con el regreso
del "Magallanes" a Filipinas en 1815, tocó a su fin oficialmente
una de las más extraordinarias aventuras marítimas de todos los
tiempos.
A la luz del análisis de los acontecimientos posteriores, todo
parece indicar que aquel comercio, aunque disminuido, permaneció
vigente, simulado con otros apelativos y empleando ya no el galeón,
sino otros medios de transporte más modernos. . |
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